Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

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miércoles, julio 25, 2012

Radicalismo de garrafón.



Jose María Delgado Gallego.

Actuando como reciclador de palabros, mas que propietario de ellas, a la manera como Juan Goytisolo se apropia del término "prístino" o Javier Marías se encaprichó de "superferolítico", uno descubre a peña que como el burgués de Moliére es posmoderno sin saberlo, así cree a pié juntillas en todo lo que "le suena" o resuena, sin necesidad de mayores argumentos y de tal modo va juntando un corpus de influencias políticas  tan erradas como contradictorias entre sí, pero que puede llegar a “sentir” como auténticas y válidas.

Así pues al internacionalismo mas o menos marxista se le puede superponer un soberanismo irredentista de nación sin estado y al Socialismo meta y razón de la ordalía marxiana,  le cuadra un antiimperialismo con origen mas o menos en Samir Amin y en el "antiimperialismo " tercermundista que acaba por borrar toda huella de aquél pero que nos hace simpatizar obligadamente con Chávez y Ahmadineyah y con el sátrapa sirio a menos que nos arriesguemos a “hacerle el juego al imperialismo”.

Pero la moda es incostante y la derecha busca su oportunidad entre el abrumador rechazo de la ciudadanía a los recortes y al desmantelamiento de las conquistas sociales, y puede observarse no sin preocupación el discurso antipolítico supuestamente “indignado”  que estamos oyendo en estos últimos tiempos. 

Es cierto que los políticos se han ganado a pulso la desconfianza, cuando no el rechazo abierto de la ciudadanía, que los ven cada vez más lejos de los problemas reales de la gentes, disfrutando de inmerecidos salarios, dietas y gabelas insultantes para la magra y recortadas economías proletarias, pero buena parte de este discurso seudo radical tiene un ribete neofascista y autoritario muy peligroso, demás que en su falta de alternativas a tales salarios y tales abusos, por esa oquedad, es el Espadón, el Salvapatria el que se invoca sin siquiera mencionarlo.

Es muy cierto, como escribe Concha Caballero  que desde la ultraderecha y desde la ultraizquierda se difunden constantemente mensajes antipolíticos y antisindicales, esa manera de no mirar mas allá de la naríz, esa tendencia a no distinguir, a apuntar a bulto, a traducir relaciones sociales complejas o cuando menos no siempre evidentes, a percepciones individuales maniqueas y reduccionistas, por este camino parecen unirse "libertarianismo" o anarquismo de derechas en plan Aguirre con acratismo descerebrado de gente cuya relacion con la realidad les llega mediatizada por un ordenador, friquis cuya ignorancia corre pareja con su ausencia de sentido de la responsabilidad.

Ese discurso “de garrafón” ha hecho de los políticos una clase o casta, como de los sindicalistas, y se niega a descender y considerar el papel subalterno y vicario que respecto del orden neoliberal de la Unión Europea y de la especulación inmobiliaria han hecho tanto PSOE como PP estando en el gobierno o en la oposición. Considerar esto desactivaría sin más esa inquietante ambivalencia que apenas se oculta tras ese discurso antipolítico, ese reduccionismo culpable que no ve ni en el Sistema Capitalista, ni en los ricos y poderosos, ni en los bancos y mecanismos mas o menos sofisticados de especulación financiera, ni en la Iglesia, ni en los inadmisibles gastos militares, ni en el imperialismo económico alemán y yanqui los verdaderos culpables mientras que generaliza culpabilizando a quienes solo serían individualmente culpables – de serlo - de corrupción y colectivamente de trabajar según la lógica y límites de lo permitido por el mercado, según el guión del Plan de Estabilidad Presupuestaria de la UE, como en América Latina lo fueron de su versión original que llamaron “Consenso de Washington”.

Urge librarnos de ese discurso pseudoácrata tan caro a Aguirre, al PP – mírese la reducción del número de concejales a 30.000 en todo el estado, la demagogia sobre sus sueldos cuándo mas de la mitad no perciben peculio alguno – a las teorías económicas de la “escuela austriaca” (Von Mises, Hayek) a los think tank libertarianos como la fundación Heritage, el Cato Institute, la FAES peperiana, de donde emana la iniciativas ultraliberales que estamos sufriendo y que en su común enemistad con el Socialismo marxista, su desprecio por la democracia y su aliento a la explotación bárbara de los trabajadores, resulte comprensible que por sus efectos muchos consideren al neoliberalismo y al fascismo poco menos que idénticos. La biografia de Aznar o de Rajoy o de tantos peperianos daría razón a comparaciones de esa índole.

2 comentarios:

P.P.Romero dijo...

Como siempre no puedo estar mas de acuerdo. Saludos Paco

JM Delgado dijo...

Gracias Paco. Abrazos.