Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

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sábado, junio 02, 2012

Especuladores con seguros sobre deuda (CDS) triplican su coste en un solo año.



Los seguros de impago a cinco años sobre la deuda española se han triplicado en poco más de un año. Cotizaban a 200 puntos en abril de 2011 y han acabado esta semana por encima de 600.

Empiezan así a cumplirse las expectativas de especuladores como David Carmel (en la foto, en silla de ruedas), co-fundador de Carmel Asset Management, quien ha vendido entre sus clientes un producto para ganar un 300% con la especulación de los
créditos default swaps (CDS) sobre la deuda de España adquiridos a manos llenas a finales del pasado año, en el caso de que se produzca el impago. 

A partir de entonces empezó el juego de Carmel y de otros muchos especuladores de estos productos, las ‘armas de destrucción masiva’ calificadas por Warren Buffet. Primero se propaga adecuadamente el informe –Carmel lo hizo a través de The Wall Street Journal– sobre las dificultades presupuestarias que, en el caso de España, derivarían en tener grandes dificultades para atender la devolución de los futuros vencimientos de su deuda pública que vence próximamente. 

Antes o después de la publicación de un informe de este tipo, el inversor alquila o toma prestados de un banco a cambio de un precio –el euríbor, por ejemplo– una gran cantidad de dichos bonos u otros títulos de deuda pública. No los compra, se los alquila para devolvérselos una vez hecha la operación. En este momento se suceden los vaticinios alertando de la situación de que España va irremediablemente a la quiebras desde los más selectos  think tanks, grandes instituciones financieras planetarias o afamados economistas, como Paul Krugman o Nouriel Roubini.

A partir de aquí empieza a cundir el pánico. Los inversores tenedores de la deuda empiezan a vender masivamente esos títulos para limitar sus pérdidas. La cotización se hunde tras la falta demanda y con ella el precio. Cuanto más caiga, más ganan esos inversores, quienes pacientemente esperarán el momento más bajo del precio de los títulos en el mercado secundario para comprar. 

Y ya está hecho el negocio. Han logrado que los CDS se disparen y han comprado los títulos de deuda a precio de ganga para devolvérselos al banco, con el que se había acordado un precio de alquiler, no de venta, al precio que sea cuando se produce esa devolución.

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