Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Vistas de página en total

sábado, marzo 03, 2012

El horror, el horror (días de marzo de 2004)






Julián Conde

Como si escribiera sobre un palimpsesto, Francis F. Coppola puso su Brando sobre Kurtz y permitió que su Willard tuviera la cara y el aspecto de Martín Sheen para encarnar a Marlow.
Ya no podemos recordar El Corazón de las Tinieblas como lo escribió Conrad y pensamos que el cineasta norteamericano lo recreó, lo mejoró quizá y que Apocalipsis Now supera el texto en ambición creativa y que nos dice mas cosas y otras cosas y el horror, el Horror, es idéntico en texto y film para dar cuenta del inconsolable e indescriptible sufrimiento, y no hay piedad, compasión ni consuelo porque Kurtz no encuentra al factótum, al sujeto, fuera de sí mismo, de sí mismo y hacia sí mismo y hacia todo lo intrinsecamante humano por sobre la naturaleza pródiga, hacia donde la belleza y la podredumbre crece y se magnífica para impregnar a Willard-Marlow, quien sí finalmente acaba con la vida de Kurtz no lo hace en cumplimiento de orden alguna de sus mandos cuanto del mismo Kurtz que exige ser Redimido y Redentor a un tiempo.
Arrebatado de admiración ante el Genio, seducido y a un tiempo horrorizado por el espectáculo de lujuriosa crueldad, por los resultados de las teorías que ha encontrado al final del río, odiándose y sufriendo la cruel muerte inferida a machetazos, Willard solo puede tratar de acorazarse de inocencia a través del acero que tiembla en su mano, en su brazo, en su clávicula a cada machetazo que quiebra huesos de Kurtz y arroja salpicaduras de masa encefálica, en acto de barbarie cuasimistérica de épocas preteridas, pero no se salva, no se salvará por haber optado por el machete asirio frente a la burocracia militar de muerte por napalm y coordenadas, lo ha intentado vanamente, incluso lo ensayó cuando disparó a la sien de la campesina malherida en la lancha, no se trataba, solo, ni principalmente, de impedir el retraso de la misión que conllevaría curarla de sus heridas y trasladarla, matándola se distanciaba de la estupidez asesina de la tripulación, la banalidad que agrava el crimén, pero fue en vano: la banalidad asesina, la muerte de geometría y gasolina, de uranio rico y pobre, son variaciones pueriles sobre el horror que Kurtz le trasmite y que le afecta. El horror de saberse el factótum de los horrores, descubrirse en el error intelectual que a aquél le encaminaba y del que se hallaba preñado, y sin embargo... ¡qué gran hombre! ¡que genio trágico!.
Willlard se odiaría y se odiaba porque Kurtz le descubría la malignidad bondadosa - tan humana - a la que se entregó y reconociéndola y reconociendo como tal la fascinación con que Kurtz le subyuga, comprende que el Horror compromete no solo la civilización occidental-imperial a la que - confusamente - Willard representa, sino a las mismas alternativas culturales que se la han opuesto o se le han resistido y a cuya recreación sincrética Kurtz se entrega en la selva, al final del río perdido de Camboya: los marines que siguieron a su jefe Kurtz, los vietcongs que pululan en aquel sombrío campamento, mas los soldados del ejército norvietnamita, amen de los nativos de aquel paraje paleolítico, aquella fratría, no eran mas que hombres, y solo hombres: la enfermedad de la piel de la Tierra, y el error de tomar al Superhombre, Kurtz, por Un Dios, está tanto en La Selva, como en La Teoría, como en la maquinaria imperio-occidental que tiene en la Epopeya partida de nacimiento y en el culto al Héroe moderno, al honor militar, al militarismo social, tributo pagado a la animalidad del predador humano
El militarismo como burocratizada liturgia del supuesto Dios Universal, Señor de los Ejércitos, Luz de las Cruzadas, Inspirador de la Yihad. Pero en la sombra, - y esto pudo comprobarlo Willard, - está la Palabra, esto es el Verbo, el Soplo Divino, la Poesía del Libro que Kurtz recita porque la voz que lee el Libro debe hacerlo bien alto pues no es mas que hipóstasis del Verbo hecho Libro, libros sagrados todos, Evangelios, Torah y el aun mas sagrado Alcorán que participa de la divinidad y está en los cielos porque nunca fue escrito por mano humana.
Pero no hay Dios Universal, o si lo hay es cosa solo de teólogos, las gentes saben que Dios está con nosotros, cualquiera que sea ese nosotros, al cabo, la Patria, de la que el Buen Dios provee, naturalmente también provee de bondad, caridad y gracia santificante, todo esto está - también - en el corazón humano y con harta frecuencia en el mismo lado del corazón que la crueldad mas extrema, la abyección.
Kurtz lo sabía y por eso disolvió los nosotros, las patrias y los dioses, en su lugar puso la Fratría humana y la descubrió imperfecta: Él, que no deseaba mas que instruirlos, fue Superhombre, Rey y Dios y la crueldad el cemento aglutinante que aportó el corazón humano: fue Poder, la mas terrible de las patologías y a quien "Patria" y "Dios" sirven y servirán desde que el hombre existe. Kurtz estaba horrorizado.
Dennis Hooper dió su enloquecida bienvenida a Martin Sheen y le habló del Hombre Superior, de los poemas que leía - que eran Verbo - y le aclaró luego que todo aquello era Dialéctica, pura Dialéctica y Kurtz le llamó imbécil tal como Nietzsche se hubiera dirigido a quien le llamara "dialéctico" por haber escrito El origen de la Tragedia, pero Coppola sabía que había allí la misma dialéctica que concilia contrarios que en el Tao y que en Heráclito, justo la que había fracasado en el reino de Kurtz. Puede que también Coppola aludiera a Pol-Pot, a ese alter ego de Kurtz, tan cercano, en cuyo caso es a otro tipo de dialectica, a cuyo fracaso aludiría y que tan mala prensa daría a Apocalipsis Now entre los medios comunistas, aquella que demanda una Sintesís entre conceptos contrarios y por ello irreconciliables, a la Postre el Diamat, el Comunismo contra el que luchó Kurtz en Vietnam y Camboya, cuya coherencia confesaba admirar en sus originales enemigos el Vietcong a los que intentó y consiguió vincular a su proyecto.
Kurtz lee un libro, desde la perspectiva del espectador el título está del revés: The Golden Bowl de James Frazer, el libro paradigmático de la antropología evolucionista, escuela mas que obsoleta ya al principio de los setenta, por tanto lo que Coppola pretende decirnos es que Kurtz esta escrutando el corazón de hombre, aquello que tenemos en común por encima de los nosotros, las patrias, los dioses, las culturas, la historia.
Poco antes del Final, Kurtz pregunta al hombre que lo va a matar por su condición, Willard responde que es un Soldado, usando la expresión falsamente modesta, antes cargada de solemnidad con que los militares se refieren a sí mismos, el Gran Hombre lo niega, le dice:
"-Usted solo es el chico de los recados que envían los Tenderos a cobrar la factura"
Tras el cruel asesinato, Willard atraviesa el pueblo sincrético con el machete sacrificial aún en la mano, en la lancha, duda unos segundos en contestar a la radio que le apremiaba, finalmente musita la contraseña que derramará desde el cielo todo el fuego del infierno: ¡Todopoderoso!
Los Tenderos Todopoderosos darían buena cuenta con sus helicópteros, su napalm, del experimento del visionario que no consiguió construir un mundo mas justo que el que ellos gerencian. No sabemos si resultó mas horrible, mas primitivo, mas ancestralmente cruel quizá, pero no mas abyecto porque "Dios" y "Patria" son conceptos tan elementales que los crímenes que en su nombre se cometen no consiguen desprenderse de un hálito de ingenuidad.
A la fecha ignoramos si Coppola se atreverá con una nueva versión de Apocalipis inspirada en la Guerra y Ocupación de Irak, sabemos que los 191 asesinados en Madrid pertenecen a nuestro bando, al nosotros a este lado del terrorismo wahabita, del Islam, sabemos que eran trabajadores, muchos de ellos emigrantes y eso enriquece la pertenencia que nos concierne en común, pero nos gustaría poder incluir en nuestro bando, en nuestra fratría sincrética también a sus asesinos, a los terroristas que a su vez se suicidaron en Leganés pero la dulce mirada de Ben Laden nos disuade, nos inquieta. Este Gran Hombre sabe bien a quien combate, no en vano fue su chico de los recados en Afganistán contra el comunismo impío, somos su blanco, su diana, porque nos quiere de la tribu de los Tenderos y aunque nos neguemos a la inclusión está bien lejos conseguirlo, si es que es posible, nadie elige su cuna y nos ha tocado ser occidentales y de algún modo cómplices de la Tenderada, al menos así lo creen sus partidarios y bien lo han demostrado en Madrid.
Pero aún nos inquieta mas saber de la piedad de los tenderos, hombres religiosos a su vez, Bush, Cheney, su mayoría moral reaganiana y su New American Century, su compasión veterotestamentaria, su sionismo cristiano, ¿no son acaso excesos? ¿no suponíamos a los grandes capitalistas instalados en él cálculo, la lógica de los números ascendentes, el petróleo, el Poder frío y racionalista? Un error, si "Dios" es bueno para los vasallos, los testaferros que gobiernan el mundo árabe, utilísimo como demuestra Ben Laden aunque ahora haya cambiado de bando, sí lo es igualmente, ¡y cuánto!, para la franquicia sionista isarelí, ¿porque no iba a serlo para el Emperador?
Hay cosas que para poder ejecutarlas es necesario una sobrecarga de determinación: invadir Iraq para restaurar la democracia y acabar con la tortura del régimen baasista, restaurarla luego en los Guantánamos y Abu Grhaib, "descubrirla" al cabo y gestionar su información hasta hacerla rentable, implicar en ella a las mujeres soldados en sarcástica ironía igualitaria. Identificar el mal absoluto necesita carretadas de la propia teología moral.
Y Palestina, sobre todo Dios de nuestra parte, ¿acaso no son philistinn? ¿filisteos, el pueblo maldito de la Biblia, enemigo de Israel ? ¿para qué los escrúpulos?
Nada de que asombrarse, el guión, antes de Reagan, estaba y permanece escrito en los billetes de a dólar, solo que nos parecía inverosímil que los fabricantes del dinero se lo tomaran al pie de la letra.






1 comentario:

Anónimo dijo...

Está muy bien, casi poético. Aunque no entiendo apenas que quiere decir el autor (y Coppola) sobre la Dialéctica y el Diamat, que no es lo mismo.