Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

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viernes, marzo 16, 2012

La hipocresía alemana

 

 Juan Francisco Martín Seco

El Gobierno alemán acaba de modificar su legislación con el objeto de excluir a los trabajadores españoles, portugueses y griegos de la prestación del llamado Hartz IV para parados de larga duración, cuya cuantía es de 364 euros, a la que se añade otra serie de beneficios sociales. Hasta ahora, los trabajadores emigrantes de los 17 países -entre los que se encuentran los tres anteriores- que firmaron la Convención Europea sobre Asistencia Social y Médica en el año 2000 tenían derecho, aunque no hubiesen trabajado nunca en Alemania, al cobro de esta ayuda, del mismo modo que los trabajadores alemanes.

Lo primero que sugiere la noticia es la gran diferencia existente entre el sistema de protección social de Alemania y el de España. Por ello, cuando desde el ámbito político o económico se cita a Alemania de cara a copiar determinados aspectos que merman derechos sociales o laborales, tal como se ha hecho en la actual reforma del mercado de trabajo, hay que contestar que las importaciones de elementos foráneos no se pueden realizar de manera individual recogiendo los aspectos más negativos de todos los países sino en conjunto, y estoy seguro de que los trabajadores españoles, por ejemplo, no tendrían ningún inconveniente en cambiar la totalidad de sus condiciones laborales y sociales por las de los alemanes.
Pero la noticia sugiere algo más, la enorme mentira en que se basa la Unión Europea. Es evidente que una cosa es la libertad de circulación de las mercancías y de los capitales y otra cosa muy distinta la de los trabajadores. Movilidad, sí, pero tan solo cuando interesa y en determinadas condiciones. Alemania se encuentra, gracias a la Unión Monetaria y a los beneficios que obtiene de ella en contraposición a otros países, por lo menos hasta ahora, en una situación económica buena, hasta el punto de necesitar importar mano de obra cualificada. La misma Merkel en su visita a España manifestó la necesidad que tiene su país de técnicos e ingenieros, animando a los jóvenes españoles con titulación a la emigración, y no es ningún secreto que jóvenes licenciados en distintas materias, especialmente ingenieros, ante la falta de trabajo en España dirigen sus pasos al país germánico. Semejante flujo migratorio constituye otro elemento de enriquecimiento de Alemania, que recibe mano de obra ya preparada, y de empobrecimiento de España, que ve cómo su inversión en educación se marcha a producir a otras latitudes. Ahora bien, Alemania no está dispuesta a admitir a otro tipo de trabajadores que llegan simplemente a buscar trabajo.
Las manifestaciones al respecto del Gobierno alemán constituyen un buen ejemplo de hipocresía y fariseísmo. El portavoz del Ejecutivo, Steffen Seibert, afirmó que el Gobierno de la canciller Angela Merkel está plenamente a favor de los movimientos de los ciudadanos comunitarios, pero para que esto siga siendo posible, señaló, hay que evitar malas prácticas y abusos. Por lo visto, el derecho a la libertad de movimientos intracomunitarios constituye un abuso de los ciudadanos, y hay que considerar mala práctica el hecho de que Alemania cumpla los compromisos que adquirió cuando firmó la citada Convención Europea, o la sentencia judicial de 2010 que la forzaba a ello. En el colmo del cinismo, el portavoz del ministerio de Trabajo, Jens Florsdorff, ha pretendido justificar la medida por el hecho de que en la situación anterior se trataba de forma desigual a los ciudadanos europeos, ya que los de aquellos diez países que no habían firmado la citada Convención no podían beneficiarse de tal prestación. Parece ser que la forma de arreglar el dispar tratamiento es igualando por abajo. Muy propio del neoliberalismo económico. Es la misma táctica que se sigue en España para uniformar los distintos tipos de contrato, reducir la indemnización por despido de manera que todos los contratos sean temporales.

No obstante, quizá lo más esclarecedor de esta noticia sea que nos pone sobre la pista de la falsedad del discurso de la señora Merkel, ¿Cómo es posible hablar de unidad fiscal en Europa, cuando se limita para los no alemanes esta pequeña ayuda, tanto más insignificante cuanto que apenas la solicitaban los emigrantes? A la única unión fiscal que está dispuesta la canciller es al sometimiento de todos los países a la disciplina fiscal que ella quiera imponer. Alemania nunca aceptará una verdadera unión fiscal, que representaría una importante transferencia de fondos de los países ricos a los menos prósperos, pero por eso mismo los gobiernos de estos últimos países nunca deberían haber aceptado una unión monetaria en estos términos, y por esa razón también esta antes o después se deshará.
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