Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

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martes, octubre 30, 2007

Huelga de vientres

Sigo sin nietos: hay huelga de vientres, es un secreto a voces y todo quisque finge no saberlo, ¿que pareja joven querría tener hijos a los que no poder darle cuidados, atención, medios, educación al menos similar a la que ellos recibieron? eso incluye a los naturales españoles y excluye a los inmigrantes. Todos ellos son precarios, nuestros hijos adultos y los inmigrantes, solo que unos están descendiendo y otros ascendiendo, cosa del punto de partida.

La huelga de vientres, no es cosa nueva:

Por qué propago la huelga de vientres
A propósito de mi artículo anterior, publicado en A Vida, de Oporto, y para quien van destinados los que a continuación le siguen, como refutación a las gratuitas difamaciones que los adversarios del neo-malthusianismo de España me dirigen, un sin fin de protestas y lamentaciones ha llovido sobre mi mesa de trabajo manifestando las primeras su opinión contra los que, teniendo la misión de ilustrar al sencillo proletario sobre cuestiones tan serias y de tanta trascendencia como las concernientes a la procreación, higiene y ejercicio sexual, se encierran en un silencio criminal que sólo dos causas puede justificar: o bien se hallan influidos por atavismos religiosos-patriótico-burgueses, o bien, hallándose libres de estos prejuicios, no quieren prestar su cooperación para que el proletariado se vea libre del yugo de la natura, que le condena a morir de hambre por no morir de amor o viceversa, para así explotar mejor a la masa hambrienta dándole esperanzas de una gran revolución que dará satisfacción a los pobres en contra de los ricos, esperanzas idénticas a las que todos los sacerdotes de todas las religiones, dan a su crédulo rebaño, entreteniéndolos en su estado de resignación con la milagrosa frase: ¡tiembla, pecador; el día del juicio final se aproxima! –que equivale a la que a menudo leemos en los periódicos: ¡tiembla, burgués, el día de la revolución social!– sólo que estas últimas no tienen más eficacia que la de provocar la hilaridad de los explotadores, haciendo un [16] gesto que expresado gráficamente quiere decir: tontos, aquí me las den todas.
Esto lo escribia Luis Bulffi en 1919:
http://www.filosofia.org/aut/001/1909huvi.htm

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